Blanca Ligia
En las bulliciosas calles de Popayán, la figura de Blanca Ligia Espinosa Mariaca es inconfundible. Con su cachucha, bota-tenis, y su infaltable radio transistor, recorre la ciudad lanzando gritos que resuenan en las intersecciones y frente a los palacios gubernamentales. Aunque sufre de limitaciones físicas y mentales, Blanca Ligia ha encontrado una peculiar manera de participar en la vida pública: autoproclamada “organizadora” del tránsito y crítica mordaz de los políticos locales.
A pesar de sus dificultades, su vocabulario desinhibido y chocarrero se ha ganado un lugar en la memoria colectiva de los ciudadanos. Blanca Ligia no tiene reparo en vociferar insultos contra gobernadores y alcaldes, lanzando sus ultrajes con una intensidad que a menudo provoca carcajadas entre los transeúntes. Con solo unas pocas monedas, cualquiera puede encargarle un grito a favor o en contra de algún político, y sus ojos centellean al recibir su paga, lista para cumplir con su parte del trato.
Entre sus anécdotas más recordadas, destaca el día en que, al ver las banderas deterioradas en la fachada de la alcaldía, gritó: “No se roben toda la plata y cambien esos trapos sucios y rotos”. En pocos días, las banderas fueron reemplazadas, demostrando que su voz, aunque burlona, tenía un impacto real. En otra ocasión, al cruzarse con un fornido concejal, lo acusó de corrupto a gritos. Pero en lugar de responder con enojo, el concejal se le acercó calmadamente y le dio la mano, dejándola sin palabras momentáneamente.
Blanca Ligia también tiene sus momentos como “agente de tránsito”. Con su energía característica, se planta en las esquinas y grita: “¡Siga, siga, siga, doptor!”, mientras se enfrenta en alegatos con los policías, a quienes tampoco perdona en sus críticas. Con su boca desdentada y su risa estruendosa, Blanca Ligia es un espectáculo en sí misma.
En la animación, Blanca Ligia será retratada con su atuendo característico, siempre con su radio en mano y su actitud desafiante.
0 Comentarios